
Redes sociales y bienestar emocional.
12 de enero de 2026Cuando ocurre una catástrofe: el impacto invisible en la salud mental
Tras un accidente de gran magnitud, como un accidente ferroviario, solemos centrar la atención en las cifras, las causas y las responsabilidades. Sin embargo, hay una parte fundamental que no siempre ocupa titulares: el impacto psicológico que dejan este tipo de catástrofes en las personas que las viven directa o indirectamente.
Porque más allá de las heridas físicas, existen heridas invisibles que también necesitan atención.
Reacciones normales ante una situación anormal
Sobrevivir a una catástrofe o perder a un ser querido de forma repentina puede provocar reacciones intensas: sensación de irrealidad, miedo constante, dificultad para dormir, recuerdos intrusivos, culpa por haber sobrevivido o una tristeza profunda que aparece y desaparece sin previo aviso.
Es importante subrayarlo: estas reacciones no son una debilidad ni una enfermedad en sí mismas. Son respuestas normales del cuerpo y la mente ante una experiencia extrema.
¿Cómo se atiende psicológicamente a los supervivientes?
En las primeras horas y días tras una catástrofe suele activarse la intervención en crisis, también conocida como primeros auxilios psicológicos. Su objetivo no es “hacer terapia”, sino:
- Garantizar seguridad y calma
- Ofrecer información clara y veraz
- Acompañar emocionalmente sin forzar el relato
- Ayudar a recuperar una mínima sensación de control
No todas las personas necesitarán tratamiento psicológico a largo plazo, pero todas necesitan apoyo, escucha y respeto por su ritmo. En algunos casos, si los síntomas persisten, puede aparecer un trastorno de estrés postraumático, de ahí la importancia del seguimiento posterior.
El acompañamiento a las familias de las personas fallecidas
Cuando la pérdida es repentina y violenta, el proceso de duelo se vuelve especialmente complejo. A esto se le llama duelo traumático. No solo se pierde a un ser querido, sino también la sensación de seguridad y de continuidad en la vida.
La forma en la que se comunican las malas noticias, el acompañamiento en los primeros días, y el apoyo psicológico posterior son claves. También lo son ciertos momentos especialmente difíciles: funerales, aniversarios, procedimientos judiciales o la reaparición del suceso en los medios.
El duelo no tiene calendario. Cada persona lo vive de manera distinta y necesita espacios donde su dolor no sea cuestionado ni apresurado.
El papel de los medios y las redes sociales
La cobertura mediática puede ayudar a informar, pero también puede reabrir heridas. La repetición constante de imágenes, el sensacionalismo o los juicios precipitados contribuyen al sufrimiento tanto de las víctimas directas como de la población general.
Consumir noticias de forma continua sobre una tragedia también tiene un impacto emocional. Saber poner límites es una forma de autocuidado.
Cuidar la salud mental también es una prioridad
En situaciones de emergencia solemos pensar en ambulancias, hospitales y rescates. Pero la atención psicológica es igual de necesaria. Para supervivientes, familiares y también para los profesionales de emergencias que intervienen y que, aunque estén formados, no son inmunes al impacto emocional.
Hablar de salud mental después de una catástrofe no es un añadido: es parte esencial de la recuperación.
Para terminar
No hay una forma correcta de reaccionar ante una tragedia. No hay plazos, ni comparaciones válidas, ni emociones prohibidas. Pedir ayuda, acompañar en silencio o simplemente reconocer el dolor ajeno son gestos que importan.
Porque cuando ocurre una catástrofe, reconstruir no solo implica infraestructuras: también implica cuidar a las personas.
Cuando ocurre una catástrofe, el impacto no termina cuando desaparecen las cámaras ni cuando se publican las últimas noticias. Para muchas personas, es justo entonces cuando empieza el verdadero proceso: convivir con lo vivido, con lo perdido y con lo que ya no volverá a ser igual.
Hablar de salud mental en estos contextos no es remover el dolor, sino reconocerlo. Es entender que reconstruirse también implica dar espacio a las emociones, respetar los tiempos y acompañar sin exigir explicaciones ni fortaleza inmediata.
Porque cuidar la salud mental tras una tragedia no es solo una cuestión individual: es una responsabilidad colectiva. Y a veces, el primer paso es tan simple —y tan difícil— como mirar más allá de lo visible y no apartar la mirada del sufrimiento ajeno.





